Gestión emocional: cómo identificar, comprender y afrontar tus emociones

Gestión Emocional (II): los 3 pasos de la terapia emocional

En el artículo anterior que la verdadera clave de la gestión emocional reside en solucionar o aceptar nuestras emociones, pero ¿cómo podemos llegar a este punto? No siempre es tan fácil entender las emociones y saber cómo solucionarlas.

Un buen método o estructura clave para la gestión emocional sería el siguiente:

Guía de 3 Pasos para la Gestión Emocional: cómo identificar, comprender y afrontar tus emociones

1º Identificar el problema y expresar la emoción:

El primer paso clave para la gestión emocional es identificar la emoción. Ponerle nombre al problema y palabras a lo que sentimos. Cuando ponemos palabras a lo que nos pasa, la emoción o el conflicto deja de estar en el inconsciente y pasa a la mente consciente y por lo tanto se puede comprender y abordar mejor. Aquí se produce el primer alivio: encontramos luz para ver lo que nos pasa. Aquí empieza la esperanza.

Pero no basta con decir «mi problema es este» o «siento ansiedad». Porque el problema suele estar comprendido por muchos detalles y la emoción sentida nunca es una sola, sino que suele comprender todo un mar de sentimientos. Por eso no basta con identificar, hay que expresar de manera extensa todo lo que uno siente para ubicar el problema en toda su profundidad. Lo cual consiste simplemente en un desahogo emocional como el que realizaríamos con cualquier amigo. Y basta con encontrar un espacio seguro donde poder hablar sobre todo aquello que nos preocupa o nos duele.

Este espacio puede ser el salón de un hogar, la terraza de un bar, la consulta de un profesional, un sagrario en silencio donde orar con Dios, o un diario personal donde volcar lo que sentimos a modo de diálogo con nosotros mismos. También puede recurrirse a cualquier tipo de arte si disfrutas con ello: escritura, música, pintura, baile, etc. El arte es el mejor medio para expresar los sentimientos.

A este paso también podríamos llamarlo procesamiento emocional o elaboración emocional de una herida o crisis. En ocasiones, cuando las emociones son muy intensas puede ser necesario apoyarse en algunas técnicas o herramientas de procesamiento traumático con ayuda de un profesional, o simplemente hacerlo en un proceso de acompañamiento guiado.

2º Comprender la situación:

Una vez identificado el problema y desahogada la emoción, ya hemos hecho consciente lo inconsciente y tenemos mucha más claridad para contemplar el problema. Por tanto, ya podemos comprender la emoción y pensar sobre el problema para intentar resolverlo. Aquí pasamos al 2º paso, que es el procesamiento racional.

Analizar el problema consiste en comprender de manera profunda todas las causas y consecuencias del problema: orígenes, variables influyentes, detonantes, implicaciones a corto, medio y largo plazo, etc. Todo aquello que nos permita entender qué ha pasado, cómo ha pasado y por qué.

Solamente cuando se encuentra la causa del problema, este se puede solucionar. Por eso hay que ir a la raíz. Esto nos ayudará, no solo a solucionarlo, sino también a prevenirlo y preverlo para minimizar que vuelva a aparecer en el futuro. O que sí, inevitablemente, aparezca de nuevo, tardemos mucho menos en saber cómo reaccionar.

Cuando el problema es muy complejo, puede ser necesario disponer de ciertos conocimientos avanzados previos acerca de la situación en la que nos encontramos. Por ejemplo, en casos de maltrato o manipulación psicológica, traumas, crisis familiares, problemas escolares, etc. Puede suceder que, a pesar de poder nombrar y describir lo que nos pasa y lo que sentimos, aún tengamos un mar de dudas sin resolver: porqué me ha sucedido esto, de quién es la culpa, cómo reaccionar, qué hacer, etc.

En estos casos se evidencia la necesidad habitual de acudir a un profesional para que nos dé una perspectiva más profunda y completa que dé respuesta a todas estas dudas. También cabe resaltar la importancia de formarnos, leer y conocernos (no solo desahogarnos) como clave esencial para mejorar nuestra capacidad para gestionar nuestras emociones.

Llegados a este punto, experimentamos un 2º alivio importante: comprender alivia. Pero, no solo eso, sino que, una vez desvelado y comprendido el problema, todas nuestras defensas se desactivan y la mayoría de nuestros síntomas se reducen porque «su mensaje ha sido recibido» y su función ha cumplido su objetivo. Recordemos que la función de los síntomas es alertar y comunicar la existencia del problema.

3º Afrontar la emoción:

Una vez comprendido el problema y racionalizadas nuestras emociones, será relativamente sencillo afrontarlo. Afrontarlo no es más que saber qué hacer ante ese problema, cómo reaccionar o actuar.

Para afrontar una emoción básicamente hay dos opciones: solucionar el problema o aceptar que no tiene solución. No existe ninguna más.

Si el problema tiene solución, aplicarla basta para finalizar para siempre todo el malestar emocional. Si no tiene solución, es más difícil, pues debemos pasar por un duelo y vivir con el dolor mientras crecemos.

Aunque no se resuelva el problema, la aceptación sigue siendo eficaz para sanar el sufrimiento: aceptar nos lleva a dejar de sufrir por el problema y a pasar página. No significa que deje de dolernos si pensamos en ello, pero estaremos plenamente en paz con nosotros mismos.

Hay ocasiones en las que ambas opciones se dan a la vez: podemos solucionarlo, pero eso implica renunciar a otras cosas. Aquí entra en juego una 3ª tarea habitual en esta fase: el análisis de prioridades y la toma de decisiones. Hay que decidir qué hacer. En muchas ocasiones puede ser útil de nuevo acudir a un profesional, esta vez para pedir consejo.

Lo bueno de esta parte es que, una vez decidido qué vamos a hacer o cómo vamos a solucionar el problema, ya podemos dejar de pensar en él y centrarnos de lleno en la solución. Esto tiene una implicación motivacional importante porque en adelante todo nuestro foco es en positivo: podremos centrarnos en la solución, en la ilusión por un futuro mejor y en la esperanza.

El método universal para la gestión emocional

Sea cual sea tu problema o tu estado emocional, cualquier método válido para la terapia emocional debe pasar por estas 3 fases. Si no, siempre será incompleto o problemático.

Estos 3 pasos podríamos resumirlos en una frase, que es nuestro lema: Conócete, Acéptate, Supérate (San Agustín). Las dos primeras fases consisten en conocer qué sucede y por qué, la tercera en aceptar y cambiar lo que esté en nuestra mano.

Debemos responsabilizarnos de nuestras emociones y cada vez que nos sintamos mal o que estemos perdiendo la paz, preguntarnos:

  • ¿Qué me pasa?
  • ¿Por qué?
  • ¿Tiene solución?
  • ¿Qué debo hacer?

Es clave entender que la única forma real de gestión emocional es actuar, tomar decisiones o, en casos sin solución, llorar o aceptar para sanar.

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