conflictos de pareja

¿Por qué discutimos tanto? La raíz oculta de casi todos los conflictos de pareja

En todas las parejas hay conflictos, pero hay dos tipos de parejas que acuden a terapia de pareja: parejas con problemas y parejas sin problemas.

Los que vienen sin problemas les pasa esto que voy a contar a continuación.

Los que vienen con problemas, les pasan muchas otras cosas, pero también esta. Y, aunque tengan muchos otros problemas, esto —que no es un problema en sí— les duele mucho más que los mil tornados y tempestades que pasan por su vida.

¿Cuál es la raíz de casi todos los conflictos de pareja? Algo tan insignificante y tan sutil como la mirada con la que nos contempla el otro.

Cuando el conflicto pequeño se hace grande en pareja

Muchos problemas de pareja empiezan por un conflicto pequeño. Aunque a veces el dolor se incrementa de manera desproporcionada, no tanto por lo que duele del conflicto, sino más bien, por lo que hacemos con él. Es decir, por cómo lo afrontamos o cómo respondemos a él. Resultando ser, como en casi todo, peor el remedio que la enfermedad.

Y he aquí que aparece un segundo problema que duele más que el primero: lo que más duele no es tanto el conflicto cómo lo gestionamos.

Si cuando abordamos los conflictos acusamos, juzgamos, culpamos, invalidamos, rechazamos, abandonamos, despreciamos o asfixiamos a nuestra pareja, hacemos de la comunicación, que podría ser la mejor herramienta para solucionarlo, un nuevo conflicto aún mayor.

Pero ahondando un poco más: ¿por qué se vuelve tan complicada la comunicación de los conflictos? ¿Acaso no sabemos todos que juzgar, asfixiar o culpar hace daño? ¿Por qué recurrimos a ello precisamente cuando estamos afrontando nuestras preocupaciones? Más aún si afecta a la persona a la que más queremos. Aparece aquí un tercer problema —que es a su vez, causa del anterior— y que explica aún más profundamente el sufrimiento en pareja: la actitud del uno y del otro.

Más allá de los problemas de comunicación está la actitud.

Pues, aunque nuestra comunicación sea respetuosa, impecablemente asertiva y refinada con una infinidad de remilgos… la actitud es el ingrediente que, si falla, lo amarga todo.

Hay un lenguaje mucho más fino, mucho más profundo y mucho más instintivo que lo que se dice: el lenguaje no verbal.

El lenguaje no verbal revela, no solo lo que queremos decir sino lo que sentimos: revela nuestra actitud hacia el otro. Por tanto, no puede ocultarse y siempre está presente.

¿Cómo no expresar juicio si por dentro estoy juzgando de verdad? ¿Cómo no expresar exigencia si por dentro exijo algo? ¿Cómo confiar en el otro si muestra incomprensión profunda hacia nuestro dolor? ¿Cómo no dramatizar si no nos sentimos amados por quien más se supone que debe querernos?

¿Por qué sufren las parejas cuando discuten?

En el fondo, el motivo por el que una pareja sufre cuando discuten es porque no se sienten aceptados, amados, por el otro. Y lo ven en los pequeños gestos, tonos, miradas o expresiones. Aunque el lenguaje sea respetuoso, aunque el conflicto sea pequeño, si nos sentimos rechazados por nuestra pareja de manera tajante y directa, sufriremos en lo más profundo de nuestro corazón. Porque lo que más duele no es el maltrato sino la ausencia de amor. Especialmente si es en la familia —en el caso de matrimonios—, o en el proyecto de familia —en el caso de novios—.

Mucho más importante que la asertividad o las técnicas de comunicación, es más bien trabajar el motivo evidente que impide que comuniquemos respeto: la actitud interna nuestra, la falta de amor.

Y la actitud no es otra cosa que la manera en que valoramos lo que sucede: si vemos la situación como una amenaza o si la vemos como una oportunidad para crecer. Si vemos al otro como nuestro enemigo o como un amigo con quien enfrentarnos juntos al problema.

En el momento en el que vemos al otro como un enemigo y no como un aliado, aparece el verdadero conflicto y el amor se vuelve inalcanzable. Y si vemos el problema como una amenaza, huiremos y lo evitaremos en lugar de tratar de resolverlo. La actitud, esa manera en que nos situamos ante el otro y lo miramos a él, lo marca todo.

La actitud se resume en la capacidad de aceptación. Y la aceptación es, en el fondo, una virtud, que podemos desarrollarla con la práctica. Y además, nadie puede hacerlo por nosotros: o lo aceptas o no lo aceptas, nadie puede obligarte a aceptar algo porque entonces no es aceptación sino resignación. Y eso siempre resiente y amarga y crea efecto rebote. Si quieres amar a tu pareja debe ser por completo y amor sin condiciones, solo así el conflicto sana y se acaba de verdad.

La raíz de casi todos los conflictos de pareja

¿Pero cómo aceptar a mi pareja? Aquí está el núcleo duro de toda discusión de pareja. Aquí está el bloqueo más importante de todos cuando escarbamos en terapia de pareja.

Pero no es el último problema: porque cuando llegamos a esta coraza dura y rompemos un poquito —dando unos golpecitos, como quien rompe el caparazón de un hueco– llegamos a una pregunta aún más profunda: ¿Cómo aceptar al otro si no me acepto ni a mí mismo?

En el momento en que nos hacemos esta pregunta ya no hablamos de conflictos de pareja sino de heridas personales. Y es aquí por donde se debe empezar a tratar todo problema de pareja. ¿Y tú cómo estás? Todo problema de pareja parte de un problema de madurez personal o de la madurez de cada uno por separado. Lo cual, afecta directamente a la mirada con la que situamos, hospedamos y acompañamos al otro cada día de nuestra vida.

No son pocas las parejas que comienzan cuando uno o ambos de los miembros aún no poseen la madurez suficiente para estar en pareja. No están preparados para una relación. Y ya no solo para una relación, muchos no están preparados para la vida misma y sus desafíos ineludibles. Empiezan la relación cuando todo va bien y además están enamorados, pero en cuanto soplan los vientos, naufragan.

De modo que en sus conflictos se juntan todas las dificultades: el conflicto en sí, con la comunicación tóxica, con una actitud infantil, con la incapacidad de aceptar al otro, con la incapacidad de aceptarse a sí mismo y la de aceptar tanto la vida misma como el problema que les hace sufrir. Normal que lo que suceda luego sea el colapso.

Por eso los conflictos de pareja son montañas hechas de un grano… Porque la montaña la traen ya hecha de casa. Empiezan un viaje sin haber vaciado la mochila del anterior, que por otro lado, no completaron. Hablo del viaje de conocerse a uno mismo: se lanzan a darse a conocer a otra persona cuando ni siquiera ellos se conocen a sí mismos. Ni un poquito. Por eso la mayoría de relaciones acaban en fracaso.

Además, empiezan el camino al revés: empiezan por la meta y celebrando la victoria cuando aún no han caminado: empiezan por el sexo, luego se conocen —mal y poco, como hemos dicho, por falta de madurez— y casi nunca se comprometen.

El desafío de toda relación de pareja:

Frecuentemente los conflictos de pareja son la punta del iceberg de un problema de conocimiento y madurez personal de ambos. Donde lo que falla es todo es todo lo que rodea a la pareja y donde, para una buena terapia de pareja, habría que replantearse todo casi desde cero.

Sin embargo, si ambos están dispuestos a replantearse su perspectiva de la vida, sus principios, asumir la total responsabilidad sobre su propia vida, sobre sus errores y sobre la relación, renuncian a ver al otro como un enemigo y están dispuestos a aceptar al otro y a adaptarse en lo justo y necesario por amor, hay esperanza. Si hay amor hay esperanza.

Si te interesa que te ayudemos con un problema de pareja, sea en terapia de pareja o, si quieres trabajar especialmente tu parte, con terapia individual para problemas de pareja, estamos aquí para ayudarte como psicólogos y coaches especializados en relaciones de pareja sanas y relaciones tóxicas. No hay lección más importante en la vida que la de aprender a amar y sentirnos amados, especialmente por la persona que queremos que nos acompañe en nuestro viaje durante toda la vida.

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