¿Qué significa ser padre (o madre)? Cómo afrontar la familia con un sentido profundo
Pocas cosas dan más paz y esperanza que encontrar a una persona que ame verdaderamente la familia.
No alguien que sobreviva siendo padre o madre, que quiera simplemente «la parejita», deseando que crezcan rápido para «quitarse de en medio» esa etapa de crianza de uno o dos críos, sino más bien alguien que cuide y eduque con paciencia a los hijos que pueda tener, y los acompañe generosamente para sacarlos adelante, como si amar a los suyos fuera lo más importante que pudiera hacer con su tiempo, con su vida y con su libertad.
Ser padre supone, en resumidas cuentas, pasarse la infancia ocupándose y la adolescencia luchando. Ocupándose (gastando tiempo) del hijo, y luchando con él, pero también contra él, y muchas veces contra uno mismo para no perder los nervios y estamparlo contra la pared. Y la única forma de disfrutar de este «intenso» proceso es volver a hacerse niño para amarlo y comprenderlo: aprender a ver el mundo desde su mirada y sentir la vida desde sus sentidos, descubriendo con él cada experiencia como algo nuevo.
Los hijos nos enseñan a ser niños de nuevo. También nos enseñan a ser padres. Y, al mismo tiempo, nos enseñan a ser hijos, volviendo a mirar a nuestros padres con ojos distintos a como nunca los hemos mirado: ojos de agradecimiento y consideración por todo lo que han amado, creído y esperado por nosotros.
Especialmente, se necesita amor, que es escoger la felicidad del otro. Más aún: ser feliz con la felicidad del otro. Por ello, la clave para amar a la familia está en la empatía. Porque, al criar y al educar, a quien hay que hacer feliz es al hijo (no tener hijos para ser feliz tú; eso es un grave error que recae como un peso sobre el hijo). Quien sacrifica es el padre: sacrifica su tiempo, su energía, su dinero, se sacrifica a sí mismo y, muchas veces, sacrifica incluso al propio hijo para no ser posesivo ni amarlo según sus proyectos.
Pero si aprendemos a amar verdaderamente, con esa empatía que te hace vivir lo que vive el otro, aprenderemos a ser felices con su felicidad. Descubrimos en él una nueva infancia. Una nueva vida. Una nueva manera de ser libre. Un nuevo sentido.
Ser padre significa salir de uno mismo para vivir desde el otro. Significa haber madurado para volver al inicio del camino y hacerlo de nuevo con el hijo. Pasar por lo que ya se pasó, sufrir lo que ya se sufrió, vivir lo que ya se vivió.
Significa haber aprendido a amarse y a dejarse amar, para enseñarle eso mismo al hijo: a amarse y a dejarse amar. Para que también él luego pueda amar a otros seres humanos.
A la vez, ser padre es la última lección de la vida, que no aprendimos siendo hijos, sino que hemos de terminar de aprender solos: aprender a amar.
Como veis, en la familia todo el mundo está aprendiendo, y lo que se enseña en esta escuela doméstica es la lección más importante del mundo: la de amar y ser amado. La familia es la escuela del amor.


Soy graduado en Psicología con máster de coaching y Psicología Existencial. Estoy especializado en orientación de adolescentes y rendimiento académico, así como en ansiedad, estrés y relaciones tóxicas. En 2013 comencé a formarme en IPæ y en 2018 emprendí su sede en Lucena. Me encanta la escritura y la lectura para formarme. Considero que la terapia se resume en leer, escibir y conversar. Puedes reservar cita conmigo aquí.


